La victoria en el Mundial de Pista es el resultado de la perseverancia de Juanjo tras más de 30 años de entrenamiento. En ellos, la carretera ha pulido su carácter e incluso su físico antes de recompensarle cerca de los 48 años.
Quien escribe estas líneas se siente afortunado por haberle conocido. Desde entonces, comparo la trayectoria de Juanjo con la de Young Sánchez, el protagonista de un prodigioso cuento de Ignacio Aldecoa. La narración de los inicios de aquel modesto boxeador, que concluye justo antes de su primer combate, se extiende en la progresión deportiva de Juanjo con frecuentes éxitos.
El carácter de Juanjo no es sobrio sino obstinado, como Argentino, el robusto caballo que monta los domingos. Su adaptación al ciclismo tras el accidente, como la doma de su petizo, ha producido un centauro de ceño fruncido y venas exageradas, que contrastan con el buen humor y familiaridad con que trata a quienes le rodean o encuentra por las carreteras.
Gracias y felicidades, Juanjo!



